Sentada 21-M: Vivienda digna 2, por El Teleoperador
Nada más salir del metro por el acceso de la C. Carretas me doy cuenta de que esta vez no va a haber sentada en el Congreso. Esta vez la Policía Nacional está avisada y tienen lecheras en los cuatro puntos cardinales de la Puerta del Sol. Y total, para nada, porque ya es la hora de la convocatoria y aquí hay incluso menos gente que la semana pasada.
Por no haber, ni siquiera hay Manifestómetro y tres de nosotros estaban en sus quehaceres habituales: RinzeWind estudiando, Toño de baby-sitter y Prosopopeyo con el zumo de tomate. Así que Jeremías y yo somos los únicos para cubrir la cosa, e incluso podría sobrar uno.
Nos dirigimos al gruesillo de la convocatoria esquivando a tres antidisturbios, uno de los cuales lleva la cartuchera muy baja y atada al muslo como el hombre sin nombre. Debe ser para arañar medio segundo disparando a la altura de la cadera. La vida es muy dura en la frontera, muchacho, y está llena de jugadores de ventaja y soplapoyas como éste.
Dentro de la escasa asistencia empezamos a ver rostros conocidos: Pixel (o Dixel, no sé) con una cámara que parece un símbolo fálico, el tipo que tuvo la idea de la sentada frente al Congreso la semana anterior, el tonto del megáfono sin megáfono, el típico loco de la Puerta del Sol...
Llegamos a la puerta de la Presidencia de la Comunidad pero esta vez no están con los megáfonos los de la semana pasada sino otros: el Sindicato de Estudiantes. A la voz, Juanjo López, secretario general, un tipo más ancho que largo que se parece a Peter Jackson y que sale siempre en la tele cuando hay movidas con los estudiantes. Los que
hablaban la otra vez se quedan a un lado con evidentes muestras de fastidio con este intento de liderazgo del sindicato estudiantil.
(El sindicato más misterioso de todos, por otra parte, que les recuerdo de toda mi vida de estudiante siempre en la tele, siempre convocando, protestando y tal. Pero no recuerdo a ningún compañero, ni amigo, ni amigo de compañero ni compañero de amigo, a nadie que estuviese afiliado ni que les haya votado jamás.)
Juanjo López tiene el típico discurso de la plastaizquierda minoritaria: movilización, asamblea, lucha social, compañeros y compañeras, debate, represión... ese rollo. Dice que "por un problema de comunicación" ha habido gente que ha llegado hace dos horas, a las 17h, cuando la convocatoria era a las 19h. Entre los equivocados (o los que han intentado capitalizar la movida, vete a saber), el propio sindicato, que lleva dos horas con sus cosas. Juanjo habla de organizarse mejor, de concretar planes de acción y de -atención- montar una asamblea en el local del sindicato.
Esto empieza a oler muy mal y Jeremías y yo intercambiamos una mirada de "ya les vale". Pero se les va a joder el plan muy pronto; entre el loco y los folloneros de la semana pasada van a aguar la fiesta del Sindicato de Estudiantes. Dentro vídeo:
Eso sí, echen un vistazo a la crónica que publica el sindicato: es tan ridícula en su fantasía que casi es divertida, pero sólo casi. Y ni una palabra a cómo les callaron la mayoría de los que allí estaban. Y no eran los únicos que no pintaban nada aquí, también estaba lo de siempre.
Aquí parece estar ya todo el pescado vendido, así que nos salimos para hacer las fotos de control (na, cuatro gatos). Curiosamente, es una sentada en la que todo el mundo está de pie. Entonces oímos gritos de "al Congreso" y vemos que empiezan a moverse. Los policías reaccionan impidiendo el acceso a la Carrera de San Jerónimo y nosotros escurriéndonos por una esquina para poder hacer las fotos.
El loco sigue por aquí buscando el mayor follón posible. Y detrás de él, el follonero. Y a un lado, subidos a una vallita, la prensa. Si quitas a los diez folloneros, la Policía y la prensa, te quedan dos docenas de manifestantes. Una pena y una vergüenza para todos los que no fuisteis.
La masa, tras unos cuantos gritos e insultos a la Policía -derecho inalienable de todo ciudadano esp… del Estado español-, intenta engañarla y se desvían hacia Alcalá. Policías y prensa corremos por detrás para seguir sacando fotos. Nos para en el cruce con Montera un policía más chulo que el ocho, un niñato engreído con uniforme que está desviando a la gente Montera arriba. Es una idea de bombero torero y de poli tonto, como se demostrará momentos después.
En este cordón hay algún conato de carga, meros empujones a la gente que se va acercando amenazante a los policías, pero vemos que se van preparando para algo más. Los que tenemos enfrente han sacado las porras y las llevan a la espalda. Uno de ellos se acerca al cordón con un fusil de pelotas de goma, pero ante la reacción de la gente sus compañeros le indican que se queda tras una maceta, para que no se vea el arma.
El policía macarra se está calentando. Oye a su lado algo, un insulto, no sé, y en vez de hacer oídos sordos y abstraerse como debería hacer un policía profesional, se acerca amenazadoramente a una chica de unos 25-30 años que pasaba por allí y que no había hecho ni dicho nada y pegándose nariz con nariz le mete un rodillazo en la cadera que casi la tumba. Este es el energúmeno:
En el salpicadero de la lechera que tengo al lado veo un detalle preocupante, meto el zoom digital pero… uf, no, es de las buenas.
Unos polis salen del cordón y pasan corriendo a nuestro lado camino de donde hemos venido, la Carrera de San Jerónimo. Hala, otra vez a correr. Al llegar no hay gran cosa, aunque sí un herido. Parece que el fregado está dentro de la plaza, así que renunciamos a nuestro lugar privilegiado y nos metemos dentro.
¿Recuerdan la idea de bombero torero que dije antes? Pues aquí está el resultado: la gente que desviaron a la C. Montera –entre ellos, muchos manifestantes- subió sólo hasta la primera esquina y volvieron a bajar por la C. Preciados. Como resultado, los ocho o diez policías que cerraban esa calle están ahora rodeados por unos 200 frente a ellos dentro de la Puerta del Sol y unos 50 a su espalda en la C. Preciados. Y uno de esos policías es el jefe, el que bauticé cómo Santo Job por su ejemplar actuación en la primera manifestación anti-parquímetros, o sea, éste:
Me acerco hasta el macetero que hay frente a este cordoncillo para hacer una foto donde se vea cómo la gente les tira cosas por detrás. Estoy a unos cinco metros de ellos y veo que están preocupados, hay tensión, va a quedar una foto cojonuda.
No tengo fotógrafos alrededor, no llevo acreditación, mi cámara no parece profesional, no llevo un estuche de fotógrafo, tengo el pelo largo, barba y chanclas, así que no parezco un periodista sino un manifestante. Justo cuando levanto la cámara, el jefe y otro inician una carga para abrirse hueco y deshacer el peligro. El policía que tengo más cerca descarga el que creo que es el primer porrazo de la tarde… contra mis costillas. Inmediatamente me arrodillo y levanto las manos y la cámara. Pasan varias botas corriendo para un lado y para otro pero me ignoran. Cuando parece que se ha calmado la cosa me alejo. Jeremías, que es más listo que yo, se ha quedado aparte, le cuento lo ocurrido y le pido un testimonio.
Pasan policías a reforzar ese cordón y ya vienen con escudo y con fusil. Enfrente de ellos, los valientes, concienciados, cívicos y comprometidos ciudadanos arrojan no menos de seis litronas que se estrellan a los pies de los policías, y veo que también la han tomado con parte del mobiliario, y eso que es de firma.
Que los quince o veinte mamarrachos de siempre se comporten como mamarrachos no es algo que deba sorprendernos, pero que lo haga un policía sí, y eso es justo lo que estoy viendo. Uno de los del cordón, quizá el que me ha arreado, no sólo no ignora las provocaciones sino que él mismo está provocando a la gente haciendo muecas y sacando la lengua como Marilyn Manson. Es éste:
Alguien nos ha comentado que sabe de antidisturbios que entran en este blog sólo para ver si salen en las fotos. Si pasas por aquí, chiquitín (porque además es un tapón), desde aquí te lo digo: eres la vergüenza del cuerpo. Y no te engañes: no eres mejor que los que tenías enfrente. Por culpa de gente como vosotros terminamos cobrando gente como yo o como tus compañeros.
Nos acercamos a la entrada de la C. Arenal. Otro cordón. Y enfrente, los agitadores de siempre. Entre ellos, uno de los que más abuchearon al Sindicato de Estudiantes, un rapado con polo Lonsdale, que yo ni entro ni salgo pero por comentarlo. Vemos que el cordón aquí se va reforzando y que se van colocando en la clásica posición de uno con el escudo y otro detrás con el fusil. Mal rollo, así que decidimos atravesarlo y salir. Desde aquí les hago una foto.
Eh, un momento. Ese poli de en medio… ¿no es…? ¿No es una chica? Joder, ya lo creo que es. ¡Una antidisturbios! Si me dan morbo las policías municipales, las antidisturbios ni te cuento. Y ésta además está de rechupete.
Rodeamos y volvemos a entrar por la C. Mayor para descubrir que esto se ha disuelto como por arte de magia. Deben haber entrado al Metro. Se acabó. Jeremías pregunta a un grupito y nos soplan que la consigna es “a las 20:30 en Cibeles, pásalo”. Así, sin SMS, ni e-mail ni nada, ¡a lo clásico, el boca a boca! Qué antiguos, estos progres. Pues nada, a correr, que sólo quedan cinco minutos.
En la confluencia de Alcalá y Gran Vía bajan por esta última media docena de lecheras a una velocidad demencial. Leo que ha habido palos, pero cuando llegamos no vemos un grupo destacable de gente por ningún lado, así que decidimos seguir bajando a Neptuno, hacia donde vemos bajar varios coches de municipales. Cuando estamos llegando, otra vez agua de borrajas: vemos subir por el paseo central del Po. Prado a unos ocho antidisturbios andando, así que no debe haber nada en Neptuno. Vuelta p’atrás.
En la esquina del Banco de España está todo el follón… bueno, el poco folloncillo que queda. Unos cien manifestantes escasos gritando poco y como esperando un líder. No faltan candidatos, pues vuelven a estar aquí los folloneros de siempre: el del altavoz sin altavoz y este tipo malencarado de verde, que no sé yo si era consciente de cómo le tenían fichado los maderos, pero Jeremías y yo sí vimos cómo le señalaban. Si no se llevaron una mano de hostias no fue porque no lo intentasen.
La siguiente media hora es francamente aburrida. Los policías esperan a ambos lados de Alcalá, no dejando cruzar más que a la gente no sospechosa, es decir, de más de 40, o con aspecto de turista, etc. Algunos polis incluso se ríen con algunas consignas cachondas o con los adornos, otros lucen su suplemento fálico con chulería, algún empujón suelto a los que se empeñan en discutir y algunos manifestantes normales, que lástima que no hubiese más para acallar a los bobos, y aunque no hubo tambores sí hubo malabaristas. Así que me dedico a mirar otras cosas interesantes. Cuando me quiero dar cuenta no queda nadie.
Decidimos que ya hemos cumplido, que al fin y al cabo nos dedicamos a medir manifestaciones y no a cubrir todo el rollo. Bajamos hasta Atocha a echar una caña mientras vemos largarse en dirección contraria a municipales y lecheras. Cuando entramos en el bar, sorpresa, ¡los folloneros cortan la C. Atocha! ¿Y a que no sabéis quién está en primera línea? Sí, sí, ¡el de siempre! Y atención, que tiene otras habilidades aparte de… de… Bueno, que sabe hacer algo:
Parece que han cogido a la Policía en un renuncio y de retirada, así que disfrutan de unos cinco minutos de gloria e impunidad… digo, de su inalienable derecho ciudadano de cortar la calle que quiera cuando quiera. Pero son sólo cinco minutos, porque enseguida llegan C. Atocha arriba cuatro lecheras a todo meter.
La gente se dispersa y los maderos salen sin contemplaciones, fusiles y escudos en mano. Jeremías y yo corremos detrás de ellos oyendo un par de disparos, vemos varios porrazos a los que más visibles han estado desde que comenzó la concentración, los de aspecto más hippie. El follonero demuestra una nueva habilidad y desaparece en una fracción de segundo para nunca más volver.
Y aquí llega el gran momento del día. Estamos en la Gta. de Carlos V esperando que cesen los golpes y procurando no destacar. Un grupo de unos cinco policías vuelve hacia los furgones informando por el walkie-talkie de la situación y tras soltar una mansalva de hostias a dos chavales a los que no he visto violentos en toda la tarde. Transcribo casi textualmente lo que oímos:
- Sí, estamos aquí intentando detenerles pero no podemos efectuar la labor policial porque hay mucha gente grabando. Repito: no podemos efectuar la labor policial.
Soy incapaz de mejorarlo.
Por no haber, ni siquiera hay Manifestómetro y tres de nosotros estaban en sus quehaceres habituales: RinzeWind estudiando, Toño de baby-sitter y Prosopopeyo con el zumo de tomate. Así que Jeremías y yo somos los únicos para cubrir la cosa, e incluso podría sobrar uno.
Nos dirigimos al gruesillo de la convocatoria esquivando a tres antidisturbios, uno de los cuales lleva la cartuchera muy baja y atada al muslo como el hombre sin nombre. Debe ser para arañar medio segundo disparando a la altura de la cadera. La vida es muy dura en la frontera, muchacho, y está llena de jugadores de ventaja y soplapoyas como éste.
Dentro de la escasa asistencia empezamos a ver rostros conocidos: Pixel (o Dixel, no sé) con una cámara que parece un símbolo fálico, el tipo que tuvo la idea de la sentada frente al Congreso la semana anterior, el tonto del megáfono sin megáfono, el típico loco de la Puerta del Sol...
Llegamos a la puerta de la Presidencia de la Comunidad pero esta vez no están con los megáfonos los de la semana pasada sino otros: el Sindicato de Estudiantes. A la voz, Juanjo López, secretario general, un tipo más ancho que largo que se parece a Peter Jackson y que sale siempre en la tele cuando hay movidas con los estudiantes. Los que
hablaban la otra vez se quedan a un lado con evidentes muestras de fastidio con este intento de liderazgo del sindicato estudiantil.
(El sindicato más misterioso de todos, por otra parte, que les recuerdo de toda mi vida de estudiante siempre en la tele, siempre convocando, protestando y tal. Pero no recuerdo a ningún compañero, ni amigo, ni amigo de compañero ni compañero de amigo, a nadie que estuviese afiliado ni que les haya votado jamás.)
Juanjo López tiene el típico discurso de la plastaizquierda minoritaria: movilización, asamblea, lucha social, compañeros y compañeras, debate, represión... ese rollo. Dice que "por un problema de comunicación" ha habido gente que ha llegado hace dos horas, a las 17h, cuando la convocatoria era a las 19h. Entre los equivocados (o los que han intentado capitalizar la movida, vete a saber), el propio sindicato, que lleva dos horas con sus cosas. Juanjo habla de organizarse mejor, de concretar planes de acción y de -atención- montar una asamblea en el local del sindicato.
Esto empieza a oler muy mal y Jeremías y yo intercambiamos una mirada de "ya les vale". Pero se les va a joder el plan muy pronto; entre el loco y los folloneros de la semana pasada van a aguar la fiesta del Sindicato de Estudiantes. Dentro vídeo:
Eso sí, echen un vistazo a la crónica que publica el sindicato: es tan ridícula en su fantasía que casi es divertida, pero sólo casi. Y ni una palabra a cómo les callaron la mayoría de los que allí estaban. Y no eran los únicos que no pintaban nada aquí, también estaba lo de siempre.
Aquí parece estar ya todo el pescado vendido, así que nos salimos para hacer las fotos de control (na, cuatro gatos). Curiosamente, es una sentada en la que todo el mundo está de pie. Entonces oímos gritos de "al Congreso" y vemos que empiezan a moverse. Los policías reaccionan impidiendo el acceso a la Carrera de San Jerónimo y nosotros escurriéndonos por una esquina para poder hacer las fotos.
El loco sigue por aquí buscando el mayor follón posible. Y detrás de él, el follonero. Y a un lado, subidos a una vallita, la prensa. Si quitas a los diez folloneros, la Policía y la prensa, te quedan dos docenas de manifestantes. Una pena y una vergüenza para todos los que no fuisteis.
La masa, tras unos cuantos gritos e insultos a la Policía -derecho inalienable de todo ciudadano esp… del Estado español-, intenta engañarla y se desvían hacia Alcalá. Policías y prensa corremos por detrás para seguir sacando fotos. Nos para en el cruce con Montera un policía más chulo que el ocho, un niñato engreído con uniforme que está desviando a la gente Montera arriba. Es una idea de bombero torero y de poli tonto, como se demostrará momentos después.
En este cordón hay algún conato de carga, meros empujones a la gente que se va acercando amenazante a los policías, pero vemos que se van preparando para algo más. Los que tenemos enfrente han sacado las porras y las llevan a la espalda. Uno de ellos se acerca al cordón con un fusil de pelotas de goma, pero ante la reacción de la gente sus compañeros le indican que se queda tras una maceta, para que no se vea el arma.
El policía macarra se está calentando. Oye a su lado algo, un insulto, no sé, y en vez de hacer oídos sordos y abstraerse como debería hacer un policía profesional, se acerca amenazadoramente a una chica de unos 25-30 años que pasaba por allí y que no había hecho ni dicho nada y pegándose nariz con nariz le mete un rodillazo en la cadera que casi la tumba. Este es el energúmeno:
En el salpicadero de la lechera que tengo al lado veo un detalle preocupante, meto el zoom digital pero… uf, no, es de las buenas.
Unos polis salen del cordón y pasan corriendo a nuestro lado camino de donde hemos venido, la Carrera de San Jerónimo. Hala, otra vez a correr. Al llegar no hay gran cosa, aunque sí un herido. Parece que el fregado está dentro de la plaza, así que renunciamos a nuestro lugar privilegiado y nos metemos dentro.
¿Recuerdan la idea de bombero torero que dije antes? Pues aquí está el resultado: la gente que desviaron a la C. Montera –entre ellos, muchos manifestantes- subió sólo hasta la primera esquina y volvieron a bajar por la C. Preciados. Como resultado, los ocho o diez policías que cerraban esa calle están ahora rodeados por unos 200 frente a ellos dentro de la Puerta del Sol y unos 50 a su espalda en la C. Preciados. Y uno de esos policías es el jefe, el que bauticé cómo Santo Job por su ejemplar actuación en la primera manifestación anti-parquímetros, o sea, éste:
Me acerco hasta el macetero que hay frente a este cordoncillo para hacer una foto donde se vea cómo la gente les tira cosas por detrás. Estoy a unos cinco metros de ellos y veo que están preocupados, hay tensión, va a quedar una foto cojonuda.
No tengo fotógrafos alrededor, no llevo acreditación, mi cámara no parece profesional, no llevo un estuche de fotógrafo, tengo el pelo largo, barba y chanclas, así que no parezco un periodista sino un manifestante. Justo cuando levanto la cámara, el jefe y otro inician una carga para abrirse hueco y deshacer el peligro. El policía que tengo más cerca descarga el que creo que es el primer porrazo de la tarde… contra mis costillas. Inmediatamente me arrodillo y levanto las manos y la cámara. Pasan varias botas corriendo para un lado y para otro pero me ignoran. Cuando parece que se ha calmado la cosa me alejo. Jeremías, que es más listo que yo, se ha quedado aparte, le cuento lo ocurrido y le pido un testimonio.
Pasan policías a reforzar ese cordón y ya vienen con escudo y con fusil. Enfrente de ellos, los valientes, concienciados, cívicos y comprometidos ciudadanos arrojan no menos de seis litronas que se estrellan a los pies de los policías, y veo que también la han tomado con parte del mobiliario, y eso que es de firma.
Que los quince o veinte mamarrachos de siempre se comporten como mamarrachos no es algo que deba sorprendernos, pero que lo haga un policía sí, y eso es justo lo que estoy viendo. Uno de los del cordón, quizá el que me ha arreado, no sólo no ignora las provocaciones sino que él mismo está provocando a la gente haciendo muecas y sacando la lengua como Marilyn Manson. Es éste:
Alguien nos ha comentado que sabe de antidisturbios que entran en este blog sólo para ver si salen en las fotos. Si pasas por aquí, chiquitín (porque además es un tapón), desde aquí te lo digo: eres la vergüenza del cuerpo. Y no te engañes: no eres mejor que los que tenías enfrente. Por culpa de gente como vosotros terminamos cobrando gente como yo o como tus compañeros.
Nos acercamos a la entrada de la C. Arenal. Otro cordón. Y enfrente, los agitadores de siempre. Entre ellos, uno de los que más abuchearon al Sindicato de Estudiantes, un rapado con polo Lonsdale, que yo ni entro ni salgo pero por comentarlo. Vemos que el cordón aquí se va reforzando y que se van colocando en la clásica posición de uno con el escudo y otro detrás con el fusil. Mal rollo, así que decidimos atravesarlo y salir. Desde aquí les hago una foto.
Eh, un momento. Ese poli de en medio… ¿no es…? ¿No es una chica? Joder, ya lo creo que es. ¡Una antidisturbios! Si me dan morbo las policías municipales, las antidisturbios ni te cuento. Y ésta además está de rechupete.
Rodeamos y volvemos a entrar por la C. Mayor para descubrir que esto se ha disuelto como por arte de magia. Deben haber entrado al Metro. Se acabó. Jeremías pregunta a un grupito y nos soplan que la consigna es “a las 20:30 en Cibeles, pásalo”. Así, sin SMS, ni e-mail ni nada, ¡a lo clásico, el boca a boca! Qué antiguos, estos progres. Pues nada, a correr, que sólo quedan cinco minutos.
En la confluencia de Alcalá y Gran Vía bajan por esta última media docena de lecheras a una velocidad demencial. Leo que ha habido palos, pero cuando llegamos no vemos un grupo destacable de gente por ningún lado, así que decidimos seguir bajando a Neptuno, hacia donde vemos bajar varios coches de municipales. Cuando estamos llegando, otra vez agua de borrajas: vemos subir por el paseo central del Po. Prado a unos ocho antidisturbios andando, así que no debe haber nada en Neptuno. Vuelta p’atrás.
En la esquina del Banco de España está todo el follón… bueno, el poco folloncillo que queda. Unos cien manifestantes escasos gritando poco y como esperando un líder. No faltan candidatos, pues vuelven a estar aquí los folloneros de siempre: el del altavoz sin altavoz y este tipo malencarado de verde, que no sé yo si era consciente de cómo le tenían fichado los maderos, pero Jeremías y yo sí vimos cómo le señalaban. Si no se llevaron una mano de hostias no fue porque no lo intentasen.
La siguiente media hora es francamente aburrida. Los policías esperan a ambos lados de Alcalá, no dejando cruzar más que a la gente no sospechosa, es decir, de más de 40, o con aspecto de turista, etc. Algunos polis incluso se ríen con algunas consignas cachondas o con los adornos, otros lucen su suplemento fálico con chulería, algún empujón suelto a los que se empeñan en discutir y algunos manifestantes normales, que lástima que no hubiese más para acallar a los bobos, y aunque no hubo tambores sí hubo malabaristas. Así que me dedico a mirar otras cosas interesantes. Cuando me quiero dar cuenta no queda nadie.
Decidimos que ya hemos cumplido, que al fin y al cabo nos dedicamos a medir manifestaciones y no a cubrir todo el rollo. Bajamos hasta Atocha a echar una caña mientras vemos largarse en dirección contraria a municipales y lecheras. Cuando entramos en el bar, sorpresa, ¡los folloneros cortan la C. Atocha! ¿Y a que no sabéis quién está en primera línea? Sí, sí, ¡el de siempre! Y atención, que tiene otras habilidades aparte de… de… Bueno, que sabe hacer algo:
Parece que han cogido a la Policía en un renuncio y de retirada, así que disfrutan de unos cinco minutos de gloria e impunidad… digo, de su inalienable derecho ciudadano de cortar la calle que quiera cuando quiera. Pero son sólo cinco minutos, porque enseguida llegan C. Atocha arriba cuatro lecheras a todo meter.
La gente se dispersa y los maderos salen sin contemplaciones, fusiles y escudos en mano. Jeremías y yo corremos detrás de ellos oyendo un par de disparos, vemos varios porrazos a los que más visibles han estado desde que comenzó la concentración, los de aspecto más hippie. El follonero demuestra una nueva habilidad y desaparece en una fracción de segundo para nunca más volver.
Y aquí llega el gran momento del día. Estamos en la Gta. de Carlos V esperando que cesen los golpes y procurando no destacar. Un grupo de unos cinco policías vuelve hacia los furgones informando por el walkie-talkie de la situación y tras soltar una mansalva de hostias a dos chavales a los que no he visto violentos en toda la tarde. Transcribo casi textualmente lo que oímos:
- Sí, estamos aquí intentando detenerles pero no podemos efectuar la labor policial porque hay mucha gente grabando. Repito: no podemos efectuar la labor policial.
Soy incapaz de mejorarlo.











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