26.2.06

Manifestación 25-F: Según Toño

Un cielo metálico, un frío pétreo como el asfalto. Una plaza en un desabrido barrio del norte de Madrid, en la que, en 1986, murieron por una bomba de ETA doce personas: Jesús Jimeno Jimeno, José Joaquín García Ruiz, Antonio Larranchao Reyes, Andrés Fernández Pertierra, José Calvo Gutiérrez, Miguel Ángel Cornejo Ros, Carmelo Bella Alamo, Jesús María Freixes Montes, Santiago Iglesia Godino, Javier Esteban Plaza, Ángel de la Higuera López y Juan Ignacio Calvo Guerrero.

Muchos familiares de estas personas, y de otras asesinadas por ETA, estaban ayer en la manifestación convocada por una de las asociaciones de víctimas del terrorismo.

A dos grados de temperatura, con una lluvia heladora, con vientos racheados, los carteles con los retratos de los fallecidos, guardias civiles vestidos de gala, se van ajando. Pero ahí están sus familiares, sus amigos, con el pie firme, como las convicciones.

También hay quien ha sufrido en carne propia la bestialidad terrorista. Irene Villa no puede hacer a pie los dos kilómetros y medio del recorrido, y va en un cochecito, junto a otros mutilados. Su rostro ilumina una tarde atroz.

Estoy cómodo en esta manifestación, porque están ellos.

Y eso a pesar de los fascistas que abundaban en la marcha. Aguiluchos, requetés, falangistas, paredones, guerracivilistas... Y las víctimas tienen que aguantar también eso...

Entonces se alza un revuelo de cámaras y flashes. Periodistas de calle retratan a periodistas “de partido” (Carlos Dávila, César Alonso de los Ríos, etc.), que a su vez abrazan a políticos de tez sonrosada. La cúpula del PP acaba de llegar directamente desde Galicia, donde han despedido con un banquete al ex ministro franquista Manuel Fraga.

La mujer que lleva el retrato de dos guardias civiles no está en el cordón de autoridades. Nadie sujeta un paraguas sobre su cabeza.

Por enésima vez, un militante del PP me pide una firma por la unidad de España. Le digo que estoy allí por las víctimas. Su cara muta hacia una seriedad absolutamente respetuosa. De repente en sus ojos se aprecia a un ciudadano, no a una marioneta.



“Dónde están, no se ven, los cabrones de la Ser”, grita la muchedumbre al ver llegar al grupito de periodistas “de partido”.

Indignación.

Indignación es la que siento por lo que el Partido Popular y el señor Alcaraz, presidente de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, han hecho con una parte de aquéllos que han sufrido el zarpazo del dolor.

Es obsceno hacer desfilar a los lisiados de cuerpo y alma, a los olvidados, en unas condiciones como las de ayer, con la falsa excusa de la Justicia, cuando lo único que quiere el PP son réditos electorales.

Y encima hacerles desfilar entre banderas preconstitucionales, hacerles gritar lo “Zapatero, vete con tu abuelo” (al que fusilaron en la Guerra Civil)… hacerle pedir a gritos a una víctima del terrorismo que se fusile a una persona…

Indignos son todos esos altos cargos que utilizan y manipulan el dolor ajeno para obtener un rédito político. Indignas son su cadena de transmisión del odio y la mentira.

Que un Gobierno como el de Esperanza Aguirre se atreva a decir en un comunicado que 1,4 millones de personas han acudido a la marcha y que las calles adyacentes a Serrano estaban desbordadas, es un insulto a la inteligencia de todos, y especialmente de las víctimas que ayer se manifestaban. Es considerarlas menores edad. Maleables. Es aprovecharse de su desesperación y de su tristeza.

Ésos son los elementos con los que el PP quiere ganar las próximas elecciones. Ése es el respeto que el PP tiene por las víctimas.

Que, además, una decena de medios de comunicación reproduzcan esa mentira al infinito sin ningún tipo de crítica; con una complacencia y un servilismo hacia el poder totalmente inadmisible en la profesión periodística, e inédito en cualquier país desarrollado; constituye un nuevo insulto a las víctimas y al resto de los ciudadanos.



Cifras manipuladas, víctimas manipuladas. Punto.

El Manifestómetro ha contado el número de asistentes con el máximo respeto. Mientras podamos, nuestras humildes cámaras estarán allí para evitar la manipulación, venga de quien venga. Ése es el trabajo de los periodistas.



En lo personal, siempre estaré del lado de las víctimas (con las que asistieron ayer, y con las que se abstuvieron de ir), y nunca las consideraré menores de edad.

Si el Gobierno negocia con ETA sin contrapartidas políticas o penitenciarias, entonces apoyo la negociación. Sólo en ese caso.

Y me indigno sólo de pensar en la vuelta a casa de ese centenar de personas a las que el terrorismo ha mordido, y que ayer estaban en la manifestación: mojadas, ateridas de frío, asustadas porque su presidente de Gobierno las está “traicionando”, según les han hecho creer los líderes del PP.

Anoche las víctimas de la manifestación se fueron a la cama con el recuerdo de los muertos en el corazón, con un “Esto lo he hecho por vosotros, Reyes, Antonio, Carmelo…”.

Nosotros también hemos estado allí por ellos, porque ellos son la única verdad de toda esta farsa.