13 de noviembre de 2005

¿Habrá una cuarta?

Consideraciones previas

Hace mucho tiempo, en una lejana galaxia situada junto al edificio que alberga actualmente la redacción del periódico "La Razón" antes siquiera de que "La Razón" fuera, un niñato recibía un bofetón, en la puerta de clase, de manos de un profesor de religión. Carente de carácter como era, aquel profesor se había visto superado por las circunstancias en las que se encontraba (con un motín en clase cada 15 minutos) y se le escapó la mano. Literalmente. Nada más caer su mano sobre el moflete del insubordinado alumno se lanzó a rogarle su perdón, tan asustado como arrepentido. El crío, pasmado, se lo concedió.

Evidentemente el niñato era (¿era?) el que suscribe. Ayer volvieron a encontrarse, de camino a casa, en el mismo vagón del metro, de vuelta de la archiconocida manifestación. Como es natural los motivos que allí les reunieron eran bien dispares y aunque tuve a mi ex (profesor) tan cerca que casi me golpeaba con sus parabólicos pabellones auditivos no me atreví a decirle ni mu.

¿Qué les aporta a ustedes esta absurda y egocéntrica anécdota? Pues nada. Pero a mí me hizo recordar mis vivencias en ese absurdo del sistema educativo llamado "asignatura de Religión", reafirmándome en lo inútil que realmente es, incluso para el más católico de los padres, en la formación de sus hijos. De hecho, de todos mis recuerdos el más polémico y político sería cuando otro profesor de religión, que además era cura, nos preguntó a una compañera y a mi qué partido votaríamos; y tras sorprenderse por nuestra respuesta (adivinen) dijo, medio arrepintiéndose mientras las palabras salían de su boca: "Pues eso no está muy bien".

Con todas estas tonterías sólo quiero decir que la famosa asignatura no es, ni de lejos, lo que esperan o lo que temen de ella los "ideólogos" de cada "lado". Ni adoctrina a los niños, ni aprenden una mierda sobre el evangelio, ni sobre valores, ni sobre nada. De hecho, los verdaderos perjudicados de su (deseable) retirada, (supuesto) arrinconamiento o pérdida de relevancia (con la discutida ley) serían los niños, porque se quedarían sin un recreo "extra" semanal. Que es lo que es. Porque no me creo que la repercusión social de esta manifestación se deba a que a Rouco lo preocupe que los críos aprendan mejor las matemáticas o que a Esperanza Aguirre le quite el sueño la falta de cultura literaria de los niños.

Al grano

Como siempre, el primero en llegar; me doy una vueltecita para hacer tiempo por las instalaciones. En la Plaza de la Independencia (que así se llama la plaza que aloja a la Puerta de Alcalá) veo como los trabajadores de la COPE preparan las cuestiones técnicas junto a su coche: han apoyado contra un árbol, en vertical y a modo de escalera, una de las vallas de protección desde la que atan a las ramas unos cables. Una pareja de municipales se acerca a interesarse por el asunto, sin duda preocupados por la integridad del árbol. Me disponía a sacar la cámara de la mochila cuando la mirada de uno de los policías me recomienda seguir andando y a lo mío; yo, de natural cobarde, sigo sus indicaciones y me quedo sin el magnífico y demagógico documento: la policía de Gallardón tocándole las narices a los chicos de Losantos.

Una vez en el Cuartel General, tras descubrir que mis compañeros son tan amantes de la alta cocina como yo (cuatro hamburguesas cuatro) y terminar de atar los últimos cabos al plan, nos dedicamos a merodear en dirección al punto de partida, encontrándonos en primer término con la presidenta de la CECE, quien amablemente nos ofrece sus chucherías. A cambio de dinero. Ya saben que en estas concentraciones hay tantas huchas como accesorios gratuítos nos ofrecerán en la siguiente. A "El Teleoperador" se le salen los ojos de las cuencas al descubrir a Marilyn Manson retumbando en los bafles, los críos de la organización hinchan los globos para la mega-pancarta-voladora, nos cruzamos con saharauis que regresan de su manifestación (la Bardem y la Botella, frente a frente, rivalizan por ser la reina del manifestódromo nacional), con los de Nuevas Generaciones repartiendo sus cositas y con cientos de puestecillos (una caja de cartón boca abajo) que nos ofrecen más pegatinas y carteles. Una chica, del panfleto "Autogestión" (un clásico de estas cosas) le ofrece a Jeremías su producto: "Estamos difundiendo un periódico... por 80 céntimos" ¿Vendiendo entonces, no? Al llegar a Neptuno estamos forrados de arriba a abajo, camuflados como "comandos" con el kit completo, y silbando por nuestros pitos (otro regalito de los convocantes, que hasta tenía luz). Un speaker con más ganas que talento canta sin cesar una versión adaptada del "Carasclás": "Zapatín, Zapatán/ Con la Iglesia no se juega..." decía uno de los versos. Gorras del PP y banderas de España, a 10€ la unidad (de bandera, no de España).

Tras otra parada técnica (unos meos y cuatro pacharanes cuatro) nos despedimos de Rinzewind con lágrimas en los ojos. Eran las 16:45 y todavía no habían cerrado por completo el tráfico en la Glorieta ¿otra vez Gallardón poniendo palos en las ruedas? No, sencillamente es que no hacía la menor falta. A medio camino de Cibeles, Jeremías y el Teleoperador me suben a un alto y estrecho pedestal (lo justo para los pies), y cual escultural efebo de grecolatinos cánones asistiré inmóvil al paso de la comitiva, que arranca puntual. Familias numerosas, muchos carteles regalados por Hazte Oír, pero poco "ambientillo", y se lo dice uno que tiene el culo pelado de ver pasar monjas y visones. En el Paseo del Prado sólo una de las calzadas está llena de gente. Como ven, ni el césped de los márgenes estaba completamente ocupado. César Vidal, escritor feroz y líder de masas, en la primera cabecera, es aclamado vivamente. Responde con un gesto cariñoso, saludando a los lados, como ya le vimos hacer en Príncipe de Vergara. Déjà Vu, tras déjà vu, la manifestación marcha ante mis ojos más sosa de lo normal. Sólo el helicóptero de Telemadrid anima al personal. Primer canto unánime: "Zapatero, dimisión".

De pronto, empiezo a escuchar voces; la COPE, para más señas. Por un momento flaqueo, a punto de caer del caballo cual San Pablo ¿Ignacio Villa, hablándome a mí? ¡Oh, Señor! ¿Acaso soy digno merecedor de tan alta consideración? Mierda, que son los bafles. Conectan en directo con la COPE, que nos irá retransmitiendo a nosotros mismos lo que hacemos y cuántos somos. Surrealista sí, pero ¿han escuchado alguna vez esa emisora? La gente grita "Libertad, Libertad", ahogando con sus gritos el ruido de sus cadenas (metafóricas, suponemos). Si Rosa Parks resucitara, se sentaría en los autobuses del Foro de la Familia, pues es la segregación racial de hoy en día. Al parecer. Pasa ante mis ojos un viejo con una extraña bandera.

Son las 17:10, aparece en antena Federico Jiménez Losantos y el orgasmo es general (aunque los espermas no se encuentren con caca). Nos dice que el centro de Madrid está colapsado. Miro a mis espaldas, a los lados y me siento extraño. Algo así como si por megafonía, en un partido de fútbol, le dijeran al jugador "Te vas por la banda a toda velocidad, driblas al defensa, chutas y ¡GOL!" y el jugador mirara a su alrededor pensando: "Pero si soy el portero y aún no he sacado la pelota".

Una chica muy amable, cargada con carteles de Hazte Oír me ofrece uno. "Ya tengo", le digo sonriente, "en la mochila". "Pues sácalo que se vea" ella sonríe más y mejor. "Es que estoy aquí en equilibrio y...". No le valen mis excusas. Me da otro y desde entonces dejo de ser el efebo de antes para convertirme en el funámbulo-malabarista del Circo Mundial. La cámara para documentar, el móvil para coordinarme con los otros, la libretita para anotaciones, con su boli correspondiente y ahora el cartel. Un cantazo, además, porque estando tan expuesto se notaba más que tomaba notas y que no coreaba ni aplaudía. Solución: el pito en la boca y soplar de vez en cuando. Losantos dice que todo es muy pacífico y tranquilo, y que no ha habido incidentes gracias a que Bono no ha acudido. "Protestar, no es fascismo" gritan unos hombres. Son las 17:45 y la radio nos anuncia que la cabecera ya ha llegado a la Puerta de Alcalá. Salto de mi atalaya mientras unos críos corean "No a la LOE, engendro de masones" y echo a andar hacia Cibeles. Me coloco en mi sitio favorito, encaramado en la boca de metro de Banco de España y pasan por allí (a esa hora y en ese sitio se puede andar tranquilamente) dos chicos cogidos de la mano, con cierto aire reivindicativo en el gesto.

Unos viejos, apostados a mi lado me preguntan, señalando al gentío que inunda Alcalá: "¿Les queda mucho para llegar hasta aquí?". Les explico que esta manifestación es contra-natura, porque no va hacia Sol sino que lo evita. Decepcionados, abandonan la espera. Se hacen las 18:30 y la cosa está más muerta de lo que cabía esperar, por lo menos por este "reportero", que no es dicharachero pero que ha visto atacar naves en llamas más allá de Orión y curas octogenarios gritar por la libertad de credo. Desde lo que alcanzo a ver, la zona del escenario, en la Puerta de Alcalá, es una fiesta: Coti, José Luis Perales, banderas ondeándose animadamente... Me reúno con los compañeros de aventura y compartimos anécdotas, imágenes y satisfacción. No hemos hecho nada del otro mundo, pero hemos hecho lo que teníamos planeado y ha salido bien.

La única nota negativa que me llevo conmigo es que hayamos montado esto en la más sosa de las tres grandes manifestaciones recientes de la derecha en nuestro país ¿Habrá una cuarta, dado que van perdiendo poder de convocatoria? Ojalá sí, con buena gente y algo de voluntad se hacen muy entretenidas.

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